
Me he levantado en un día oscuro, gris i muerto.
Las gotas livianas mecidas por el viento mojan, frías i lacerantes como puntas de aguja, las calles todavía dormidas.
Cuesta levantarse cuando no hay razón que te impulse a ello
Con la lentitud de los días lluviosos dejo la cama, autómata, pongo la cafetera al fuego y se queda mi mente en blanco esperando su ronco gorgojeo.
Con la lentitud de los días lluviosos dejo la cama, autómata, pongo la cafetera al fuego y se queda mi mente en blanco esperando su ronco gorgojeo.
Salgo a la terraza, con la taza de café en las manos, para respirar el frío que calme la nostalgia provocada por saberte lejos.
No he soñado esta noche, tal vez no lo recuerde porque hay sueños que no merecen la luz del día y se pierden en las horas que transcurren entre el cerrar y abrir de los ojos. Pero, si algo siento allá en el fondo del estómago, apretando con fuerza mi angustia, es que en ese intervalo de tiempo, estabas tú. He notado tus lágrimas en mi garganta y tu grito arañando mi consciencia que suplicaba despertar.
No hay manos rozando mi piel ni sombra en mi espalda que me proteja de caer en el abismo. No existe lengua en mi boca, ni en mis pechos, ni en mi sexo, no existen mas que en mi anhelo que torturo recordándote una y otra vez.
La soledad más infinita, el cansancio más profundo, el deseo aletargado entre capas de ausencia.
Todo tiene tu nombre.
Se me pierde la mirada en el horizonte tan borroso y cerrado como mi vida, no hay más allà tras la cortina de lluvia como no hay mañana ni hubo ayer, monotonía sin fin, notas inconexas en un pentagrama sin sentido.
Me obligo a bajar la vista, ajena observadora en la realidad de otros y trazo líneas imaginarias repasando sus pasos que se entrecruzan, chocan, se separan, se unen, formando un dibujo abstracto, ilógico, que me produce ansiedad.
No me atrevo todavía a saltar al vacío, quizá mañana si sale el sol.











